
Suro de Mikel Gurrea
Tenía muchas ganas de ver esta propuesta, pues antes de su estreno, la semana pasada, ya estaba en boca de muchísima gente, tras su paso por san Sebastián. Grandes directores como Rodrigo Sorogoyen (As Bestas) la recomendaban en entrevistas, e iban creando un mi un caldo de cultivo de expectativas sobre lo que iba a ver y, en cierta forma, condicionado su visionado. Lo que se formó en mi mente era un drama rural (otro más) con una épica dramática más exagerada y un cierto tono thriller, que no he encontrado.
Suro nos presenta a Helena e Iván, una pareja de jóvenes arquitectos urbanistas, que están esperando una niña. Al comenzar la película se trasladan a vivir a una casa heredada de la tía de ella, en el Empordà, la cual se ha de reformar y que tiene una explotación de alcornoques. Con un Idealismo neorural de ciudad se disponen a hacer la pela con el corcho para sacar el dinero necesario para reformar la masia. Inicialmente todo es muy bucólico y pastoril, con una pareja cómplice en su visión del mundo que quiere, con humor, cariño y esperanzas conseguir sus objetivos…. ¡hasta un burro tienen en la casa! Está claro que lo que se nos va a exponer es la crisis y degradación de esta joven pareja en la adaptación a ese entorno que no conocen y la suma de contradicciones en las que se van a ver envueltos.
Todas las decisiones que van tomando les van conduciendo a un conflicto de pareja, pero también individual, donde el optimismo de los ideales por cambiar el mundo, chocan con la realidad del materialismo y de las jerarquías sociales que se establecen en toda relación humana (como patrón, peón, mujer, hombre, extranjero…)

Mikel Gurrea al escribir y dirigir su ópera prima quiere abarcar mucho y quiere transmitir un mensaje bastante preciso de la degradación humana, pero para ello nos lanza demasiadas miguitas de pan para que lo sigamos, haciendo en ciertos momentos muy evidente todo aquello que nos puede llevar como espectadores a reflexionar sobre las acciones de los personajes. Acaba forzando las tensiones para que converjan en un mensaje total, a veces hasta provacar incoherencias con su propio discurso.
Aún así, se sale con un buen sabor de boca de la proyección, pues el plano final y el epílogo son sublimes. Remarcado mucho más la gran interpretación de Vicky Luengo y de Pol López, donde sin hablar se lo dicen todo, así salvan un guión con mucho potencial, pero que se desdibuja como un corcho flotando a la deriva en una piscina.