Un Poeta de Simón Mesa Soto. Entre el ocaso y el idilio
El pasado 3 de marzo de 2025 se llevó a cabo un pase especial de la premiada película colombiana Un Poeta (2025), del director Simón Mesa Soto, en los Cinemes Girona de Barcelona. Esta proyección, que vendió todas sus entradas en cuestión de días, se realizó en colaboración con el centro cultural Casa Amèrica Catalunya, además de contar con una intervención de poesía y música por parte del colectivo Poetry Is Not Dead, la presencia del protagonista Ubeimar Ríos y, por supuesto, un posterior conversatorio. Todo esto, en el marco del camino que lleva al LATcinema Fest, el festival de cine latinoamericano de Barcelona, que celebrará su quinta edición entre el 16 y el 22 de marzo de este mismo año.
Esta película, ganadora del Jury Prize – Un Certain Regard, del festival de Cannes 2025, así como del premio Horizontes del festival de San Sebastián 2025, cuenta la historia de Óscar Restrepo; un obsesivo, alcohólico, envejecido y frustrado poeta de la ciudad de Medellín que, agobiado por su falta de reconocimiento y el rechazo constante de su hija, encuentra una oportunidad de redención al guiar el camino de una jóven estudiante prodigio de la poesía, mientras lucha para no llevarla por el decadente camino en el que él mismo se encuentra.
Esta es una película que atrapa la atención desde el primer momento. Sabe manejar de manera muy acertada los contrastes para llevar al espectador en un viaje emocional inmenso. Desde personajes que dicen que no van a hacer una cosa, para que luego el montaje corte inmediatamente a ellos sufriendo las consecuencias de haberla hecho, o el simple contraste del ruido/silencio para generar tensión o como el punchline de un chiste, cada cambio de escena obtenía una respuesta de la sala – a veces ataques de risa, a veces una que otra lágrima-. Se trata de una historia que nunca abandona, a lo largo de sus dos horas de duración, su espíritu frenético, retador de todas las expectativas, y en palabras del mismo Ubeimar durante su pequeña intervención justo antes del inicio de la proyección, “Punkerito de corazón”.
Además, Un Poeta es un excelente ejemplo de un filme que retrata igual de bien a su protagonista, como a la ineludible relación que tiene con el contexto en el que vive. El guión de Simón Mesa hace una exploración del arquetipo del personaje fracasado tan interesante, y tan intrínsecamente ligada a la cultura y la idiosincrasia de Medellín, que junto a la maravillosa actuación de Ubeimar Ríos tenían convencida a toda la sala de que Uberimar era un actor natural y que de alguna forma, el personaje de Óscar está basado en él, y la historia de Óscar es la historia suya. Esto se ha visto en otras grandes películas colombianas, como La Vendedora de Rosas (1998) de Víctor Gaviria, o Los Reyes del mundo (2022) de Laura Mora, por lo que no era una total locura pensarlo. Fueron tantas las preguntas al respecto, que Ubeimar tuvo que aclarar que, aunque no viene del mundo de la actuación y sí es profesor de bachillerato al igual que su personaje, él en realidad hizo su proceso de casting como cualquier otra persona, además de que recitó cada línea de diálogo tal cuál estaba escrita en el guión -a excepción de un par de instancias en las que, con algo de rubor en su rostro, admitió que pidió un permiso creativo para cambiar un par de palabras en pro de dar una mejor interpretación de los poetas que el guión mencionaba en esa escena particular-.

Siguiendo con lo anterior, la película explora la ciudad de Medellín y su cultura de una manera rebelde y auténtica. Rebelde, porque se rehúsa a seguir la estereotípica corriente de mostrar a la Colombia que el norte global tanto condena y al mismo tiempo consume desde hace décadas, una Colombia donde sólo hay narcos, todas las personas están sexualizadas a niveles caricaturescos, y donde la violencia que ha marcado el pasado y presente del territorio es algo que se muestra con orgullo, como si fuese una medalla. En su lugar, muestra el humor, la calidez, el amor por la familia y el deseo de progreso, incluso en circunstancias adversas. Porque para un colombiano, aunque las cosas estén mal, nunca estará de más irse a tomar una Pony Malta con un pastel de pollo o una almojábana en la tienda de la esquina, ni tampoco se le dejará de ofrecer algún zumo de lulo o de curuba a las visitas, aunque no haya plata para el mercado. Esa vida y esa alma que la ciudad tiene de fondo, mientras Oscar va de infortunio en infortunio, le dan a esta película una autenticidad muy refrescante y conmovedora, que como ha mostrado su enorme acogida internacional, apela a públicos de todo el mundo.
Durante el conversatorio final, así como en una conversación más informal que tuvimos al terminar el evento, le pude preguntar a Ubeimar sobre su opinión sobre el camino del artista, las dificultades que trae perseguir este tipo de sueños en Colombia, y si pensaba que todo el momentum y ruido que está haciendo esta historia dentro y fuera de la tierra de la arepa y el ajiaco podría servir como impulso para fomentar el arte en los jóvenes de escasos recursos. Me respondió, con la nobleza y humildad que lo caracterizan, que el artista necesita talento pero sobre todo esfuerzo y trabajo duro. Constante, resiliente y duro. Me dijo que no descarta que algunos jóvenes se puedan sentir inspirados para explorar sus talentos en el arte o en otras disciplinas, pero que el cambio igual viene de algo más que solo lo subjetivo. En Colombia, la desigualdad es un problema transversal, el acceso a la educación y la calidad de esa misma educación muchas veces está bajo el mando de personas corruptas, y mientras esa precariedad siga siendo un aspecto fundacional de la estructura educativa pública en el país, muchos artistas, poetas, músicos, actores etc. seguirán teniendo todas las de perder para mostrarle al mundo lo que pueden hacer.
El evento terminó, como no podía ser de otra forma, con Ubeimar recitando un poema, y recibiendo a cambio un aplauso ensordecedor lleno de euforia y gratitud por haber tocado el alma del público con carisma, gentileza y un gran intelecto, dentro y fuera de la pantalla. En definitiva, Un Poeta es una historia que conmueve y que hace reír a carcajadas, es puerta para ver un pedacito de Colombia, para ver algunas de las mejores cosas que tiene para ofrecer el país, a partir de los ojos de un personaje que, aunque la desgracia lo persigue, tiene su corazón en el lugar correcto. En las palabras del mismo Ubeimar, es una película con mucho corazón y sin pretensiones, con alma pero con humildad.
La película se estrenará en salas de España a partir del 17 de abril, por lo que no me queda más que recomendarla a ojo cerrado, pues es de esas películas que se quedarán en su cabeza meses después de verla, que tanto la crítica como el público han recibido de forma maravillosa, y que conecta con el instinto humano de querer ir más allá, de superar las propias limitaciones y de aceptar que aunque hay cosas negativas que no se pueden cambiar, si se pueden recibir de muchas maneras diferentes.
Todos los textos de Caméra-Stylo son realizados por alumnado o alumni de ECIB – Escola de Cinema de Barcelona.