MONOGRÁFICO ABBAS KIAROSTAMI. I

Abbas Kiarostami. 22 Junio 1940, Iran – 4 Julio 2016, Francia

Antes de ver una película de Abbas Kiarostami, muchas veces uno ya tiene la sensación de encontrarse ante un cineasta “importante”. Su nombre aparece de forma recurrente cuando se habla del cine contemporáneo, de la relación entre documental y ficción o de directores que cambiaron la manera de mirar las imágenes. Sin embargo, lo más interesante de su obra quizá no sea su prestigio ni el lugar que ocupa dentro de la historia del cine, sino la forma tan particular en la que consigue acercarse a lo cotidiano. Kiarostami no filmaba grandes acontecimientos ni buscaba constantemente el impacto emocional. Sus películas suelen partir de situaciones simples, conversaciones mínimas, trayectos aparentemente insignificantes o gestos muy pequeños que, poco a poco, terminan revelando algo mucho más profundo.

Hay cineastas cuya obra parece construirse desde la afirmación, desde la necesidad de demostrar una idea o imponer una mirada muy concreta sobre el mundo. En cambio, el cine de Kiarostami transmite casi la sensación opuesta. Sus imágenes observan antes de explicar. Sus películas avanzan con calma, dejando espacio para el silencio, para la duda y para aquello que no termina de resolverse del todo. Quizá por eso producen una experiencia tan particular: uno siente que el director no intenta dirigir completamente la emoción del espectador, sino invitarlo a habitar el tiempo de la película y a mirar con más atención. 

 

¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987) “Kiarostami convirtió el camino en una filosofía.” Geoff Andrew

También resulta difícil hablar de Kiarostami sin mencionar la relación tan especial que mantiene con la realidad. En sus películas, lo documental y lo ficticio parecen mezclarse constantemente hasta volverse inseparables. Muchas veces no importa tanto qué parte está construida y cuál pertenece a la vida real, es precisamente ahí donde aparece una de las ideas centrales de su cine: la verdad no siempre surge de lo estrictamente real, sino también de la forma en que el cine observa, encuadra y acompaña a las personas. Sus historias nunca parecen cerrarse del todo; dejan zonas abiertas, espacios vacíos y preguntas que continúan resonando incluso después de terminar la película.

 

ABC Africa (2001)

Quizá por eso, diez años después de su muerte, volver a Kiarostami sigue teniendo sentido. En un momento en el que las imágenes suelen buscar rapidez, impacto inmediato y explicaciones constantes, su cine continúa proponiendo otra forma de mirar: más paciente, más humilde y también más humana. No se trata únicamente de entender sus películas, sino de dejarse acompañar por ellas, por sus silencios, por sus recorridos y por esa extraña sensación de que la vida siempre está ocurriendo un poco más allá de lo que la cámara alcanza a mostrar.

 

 

Los Caminos de Kiarostami (2006) “Nadie filmó los paisajes como él: no como escenarios, sino como estados del alma.” Nuri Bilge Ceylan

 

El Viajero (1974) “Sus películas no explican el mundo: lo contemplan.” Hamid Dabashi

Este recorrido no pretende ofrecer una explicación definitiva sobre su obra, sino acercarse a algunas de las preguntas que atraviesan su cine. Porque en Kiarostami lo importante no suele estar en las grandes revelaciones, sino en aquello que aparece entre una imagen y otra, entre la realidad y la representación, entre lo que se muestra de forma directa y lo que permanece fuera de campo.