MONOGRÁFICO ABBAS KIAROSTAMI. V: Viaje de despedida. Una aproximación al intimismo y fragilidad del cine de Kiarostami
Un hombre conduciendo. No. Un hombre que busca. Mira por la ventanilla del coche y no encuentra lo que quiere. “¿Peones? ¿Busca peones?”, le preguntan. Lo que busca ese hombre es la persona indicada. Alguien que se comprometa a ayudarlo a morir y lo entierre.
Así empieza El sabor de las cerezas (1997). Más que una obra, podríamos decir que es un viaje. Pasamos de ser espectadores a convertirnos en los acompañantes de nuestro protagonista. Nos sumergimos de lleno en su misión de encontrar a su enterrador. Lo que tal vez él no sabe es que, minuto a minuto, no solo descubriremos a los candidatos; también vamos a ver los detalles e insignificancias que conforman la vida y que a su vez son los que pueden hacer que cambie de opinión.
Con una sencilla y a la vez compleja premisa, Kiarostami teje la historia de un personaje al que vamos descifrando a medida que lo observamos. La película es un viaje sin prisa. Conocemos a distintos personajes, aparte de nuestro conductor, mientras viajamos a un ritmo pausado. Justamente esta calma que puede incomodar a más de uno es la que dota a la cinta de autenticidad. La película es una experiencia para reflexionar y observar.
Cómo ver la vida
Plasmar la realidad que percibimos con nuestros propios ojos en imágenes y hacernos olvidar que lo que vemos es ficción parece ser la misión del director. Y consigue cumplirla. Mueve la cámara por el espacio de tal forma que cuando estamos en el coche, no vemos un automóvil; más bien, estamos dentro de este. Somos uno más viendo el paisaje y buscando a esa persona que entierre a nuestro compañero. Y cuando miramos a ese conductor, lo hacemos con unos planos cerrados que nos brindan la intimidad necesaria para comprenderlo. Asimismo, los distintos paisajes y la vida que hay fuera del coche los vemos con planos generales. El mundo es inmenso. Nos falta aire en el plano para ver qué hay más allá. Parece que la esperanza por seguir viviendo se quiere colar en la imagen, meterse en la cabeza del protagonista y hacerle cambiar de idea.
Con esta forma de filmar, el director juega con los límites entre ficción y documental, presentando una realidad muy poco alterada. Todos estos elementos sirven para poner en valor la vida de una forma muy austera. Huye del discurso fácil motivacional y a través de un viaje sencillo, pone el foco en los pequeños detalles de un mundo lleno de elementos, pero del cual solo somos un pequeño fragmento. No hacen falta largos monólogos para transmitir esta idea al espectador: la trama y los planos elegidos para contarla hacen que las imágenes hablen solas, sin diálogo ni música.
El mismo Kiarostami afirmó en una entrevista para IndieWire (1) que desconocía por qué le atraían este tipo de localizaciones, con árboles solitarios; pero llevaba veinte años fotografiándolos. “Quizás sea el árbol el que me invita a fotografiarlo”, sentenció. De esta forma, enfatiza el valor de la realidad que capta a través del objetivo. Él es un mero observador fascinado por la naturaleza, que se siente cautivado por ella y la quiere mostrar sin artificios.

Polvo será
Enterrado. Cubierto de polvo. Así es como se imagina mucha gente una vez muerta y nuestro protagonista no es una excepción. Kiarostami da un paso más allá y dibuja en la pantalla esta metáfora. Le pone ante los ojos a su personaje cómo será ser sepultado por la tierra y el polvo. Con tan solo una imagen, consigue resumir su película de una forma Impactante y bella. Vemos una sombra que se va desdibujando por la constante e imparable tierra que cae. Un resumen de la película y también de la vida.

Pese a no saber por qué el protagonista ha escogido ese destino o qué le ha llevado a tomar esa decisión, sabemos que para él es muy importante que su ayudante cumpla con su misión. Enterrarlo. Incluso lanzarle piedras para comprobar que no esté durmiendo en el hoyo. ¿Por qué lo tiene tan claro? ¿Por qué ha escogido ese final? Estas son algunas de las muchas dudas que nos surgen como espectadores al ver a un personaje tan determinado a cumplir su objetivo. Kiarostami no da una respuesta clara y deja imaginar y suponer al público. Aunque la misma película parece darnos una pista. El protagonista deambula por distintos escenarios, pero el hoyo, su destino final, se encuentra cerca de unas obras. Cuando ve su propia sombra sepultada por la tierra que cae de las máquinas, está viendo el final que ha preparado para él mismo. El motivo de su elección podría ser ese: poder ver aquello que no podrá contemplar cuando esté muerto. Además, el sitio escogido es el lugar por el que previamente ha estado deambulando para encontrar a su compañero perfecto. Puede ser una simple excusa para moverse por el espacio donde descansará en paz; despedirse de la vida y conocer el nuevo lugar donde permanecerá en la eternidad.
En el artículo Imagining Life: The Ending of Taste of Cherry (2), Michael Price plantea la idea de que el personaje sea una especie de mártir. “Durante la secuencia en la que el protagonista cierra los ojos y la pantalla se vuelve negra, podemos recordar el único otro momento de la película en el que vimos una pantalla negra: justo antes de la primera imagen, donde se lee ‘En el nombre de Dios’ sobre el fondo negro. Los conceptos de Dios y la muerte, y la capacidad del proceso cinematográfico para interrumpir la vida, transformarla y reiniciarla, se entrelazan en esta secuencia final”, dice. “Nunca lo vemos morir. ¿Acaso su imagen en la película lo mantiene recordado para siempre?”, agrega. De nuevo, Kiarostami deja especular al público y ofrece distintas lecturas de una misma obra.
Las cerezas
El título de la obra enfatiza el valor de los pequeños detalles de la vida. De las nimiedades que a priori nos parecen insignificantes, pero que a la hora de la verdad son los argumentos sólidos para mantenernos vivos y animarnos a seguir adelante.
Hay una breve escena hacia el final de la película que consigue sacar al protagonista de su relato y enfrentarlo a la vida de la forma más humana posible. Mientras va conduciendo, una mujer le pide que le saque una foto junto a su acompañante. Él tiene que detener el coche, bajar la ventanilla, mirar por el objetivo y apretar el botón. Una acción aparentemente absurda e insignificante, pero que en este caso es una excusa para hacer que el protagonista del film pare. Apague el motor. Que detenga el coche y sus pensamientos ymire. De una forma muy sútil, deja de ser el protagonista y el observado para ser él el espectador. Ver la vida de otros. Sacar una foto que en un futuro probablemente sea un feliz recuerdo de la vida. Este corto instante es un ejemplo del sabor de las cerezas. Un pequeño momento para recordar lo que significa vivir, aunque sea viendo la vida de otros, y apreciar esta belleza. Este buen sabor.

Cuando Kiarostami falleció, el director Jafar Panahi quiso destacar su habilidad para transformar el cine en observación (3): “Lamentablemente, alguien que ha enseñado ‘visión’ a otros cineastas ha cerrado los ojos y ya no puede ver. Pero el impacto de su visión perdurará para siempre. Se refleja en cada plano de cada una de sus películas. El Sr.Kiarostami, mi maestro, nos enseñó a ver las cosas a nuestra manera, de una forma única y diferente”.
Casi treinta años desde el estreno de El sabor de las cerezas y diez años después de la muerte de Kiarostami, la obra consigue mantenerse viva como si se acabase de estrenar. Revisitarla es como tomar un soplo de aire fresco; un ejemplo de la belleza del audiovisual y de cómo se puede tratar un tema tan complejo como el deseo de morirse de una forma tan sencilla, natural y visualmente llena de vida. Una forma de cuestionarnos qué es aquello de nuestra vida que nos hace valorarla. Qué nos motiva a vivir. Cuál es el sabor que nos hace seguir adelante y no enterrarnos en el hoyo.
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(1) Kaufman, Anthony (1998). “Abbas Kiarostami speaks about ‘Taste of Cherry’”. IndieWire. https://www.indiewire.com/features/general/abbas-kiarostami-speaks-about-taste-of-cherry-82999/El protagonista observa su destino final gracias a su sombra.
(2) Price, Michael (2001). “Imagining Life: The Ending of Taste of Cherry”. Senses of cinema. https://www.sensesofcinema.com/2001/abbas-kiarostami-17/cherry/
(3) Panahi, Jafar (2016). “Jafar Panahi Remembers Abbas Kiarostami: ‘His Vision Will Live Forever’”. IndieWire.
Jafar Panahi Remembers Abbas Kiarostami: ‘His Vision Will Live Forever’