D’A Film festival Barcelona. 2026

Entre el 19 y el 29 de marzo de 2026 se ha llevado a cabo, en diversos puntos de la ciudad de Barcelona, la 16ª edición del D’A Festival Cinema Barcelona. Gracias a ECIB y a la organización del festival, tuve la oportunidad de formar parte del jurado joven, formado por 15 personas de entre 18 y 25 años, encargadas de entregar un premio a una de las once películas seleccionadas para la competición. Nuestras tareas como jurado fueron definidas en una sesión informativa que tuvo lugar en el “cuartel general” del festival, situado en el CCCB. Allí, cada uno de los miembros realizamos una pequeña presentación, en la que explicamos nuestros quehaceres y los motivos que nos llevaron hasta aquel lugar.

Además, se nos explicó el sistema de votación que se seguiría. Un sistema, cuanto menos, cuestionable. Después de las proyecciones, cada jurado disponía de un máximo de una hora para escanear el código QR situado en el reverso de su tarjeta de identificación y adjudicar una nota del 1 al 5 a la película que acababa de ver.

Este método me parece el mayor error cometido por el festival, referente al jurado joven. Mide únicamente el impacto inicial de la película sobre el espectador, limita su juicio a un baremo reducido e inflexible y no incita al diálogo y a la reflexión. En definitiva, despoja de cualquier valor real al veredicto final, puesto que no es fruto de la discusión y el intercambio de pensamientos, sino que es producto de una media numérica basada en una inmediatez a menudo engañosa.

Más allá de esta cuestión, la organización y el contacto con el equipo encargado del jurado han sido ejemplares, mostrándose dedicados y siempre disponibles.

La selección de películas incluía piezas de numerosos países y de cierta variedad temática, aunque predominaban obras que podrían encajar en la categoría de drama intimista. Dentro de estas películas, me gustaría destacar las francesas Des preuves d’amour (2005) de Alice Douard y Nino (2025) de Pauline Loquès.

Des preuves d’amour (2005) de Alice Douard

Des preuves d’amour presenta las inquietudes que afectan a las protagonistas, Céline y Nadia, durante los meses previos al nacimiento de su primera hija. La película se centra principalmente en las inseguridades de Céline respecto a la maternidad, marcadas por su condición de madre no-gestante y por su propia relación tormentosa con su madre.

Con un predominio de la cámara en mano, el film entra de lleno en la vida de la pareja y consigue una cercanía total con sus personajes para concretar una obra, en general, muy luminosa.

Por otro lado, Nino funciona como una especie de cuenta atrás antes del inicio de una quimioterapia después de que Nino, un joven tímido y reservado, sea diagnosticado, inesperadamente, con un cáncer de garganta. La historia muestra la incapacidad de Nino a la hora de comunicar a sus seres queridos la noticia y la apatía que ha acabado por dominar su vida. La película navega siempre entre lo trágico de la situación y la incomodidad ridícula de las interacciones del protagonista.

Nino (2025) de Pauline Loquès

Para Nino, las noches se convierten tanto en un espacio de introspección como en un momento en el que relacionarse con la mayoría de personajes secundarios de la película. Cabe destacar la belleza de estas escenas nocturnas, que resaltan dentro de la estética naturalista de la obra.

Siendo películas muy correctas, más aún teniendo en cuenta que son óperas primas, ambas pecan de un exceso sentimentalismo en ciertos puntos de sus historias, que manchan el esquema general de lo que, si no fuera por esos instantes, serían películas con poco a reprochar.

También quiero hacer mención de dos películas que se salen del canon realista imperante y que presentan propuestas estéticas y temáticas más radicales.

Barrio triste (2025) de Stillz, se erigió como ganadora del premio del jurado joven. Dirigida por STILLZ, conocido por ser el realizador de videoclips de varios artistas urbanos, fue sin duda uno de los puntos fuertes del festival.

Barrio triste (2025) de Stillz

En un principio, parece que la película retratará las actividades de un grupo de pandilleros de un barrio marginal de Medellín a través de una cámara de video que roban a un reportero. Esta idea se diluye prematuramente tras una explosiva secuencia en la que nos adentramos en el atraco a una joyería. Desde aquí, la historia empieza a deshacerse lentamente de sus atributos narrativos para entrar en un viaje nocturno contado a través de una estricta primera persona, un ‘pandillero camarógrafo’, que inicialmente nos conduce por el barrio mostrando su precariedad y que termina cruzando caminos con entes extraterrenales, añadiendo elementos casi metafísicos a la película.

Los largos paseos del ‘pandillero camarógrafo’ son intercalados con grabaciones de otros pandilleros hablando a cámara, a modo de confesionario, compartiendo sus penas y frustraciones, lo miserable de sus vidas y cómo la violencia organizada ha arruinado sus existencias. Todo el film va acompañado de la música de la DJ venezolana ‘Arca’, que construye una atmósfera inmersiva y casi hipnótica por momentos.

Dejando de lado puntos en los que esta atmósfera decae ligeramente y la languidez de la trama se hace algo innecesaria, Barrio triste es justa ganadora del premio y una prueba fehaciente de que STILLZ es una figura a la cual seguir.

La película del polaco Michal Ciechomski, Kingdom (2025), resultó ser una grata sorpresa dentro de la selección. En un inicio se plantea un futuro cercano en el que Polonia, o toda Europa, nunca se desarrolla demasiado el contexto histórico, ha sido invadida por hordas de ‘neo-bárbaros’. Estos han acabado con el país y su tradición pasada. El último bastión de la nación y la religión pasadas es una organización paramilitar de skinheads, a la cual pertenece el hermano del protagonista, y más tarde él mismo también.

Kingdom (2025) de Michal Ciechomski

La trama es sumamente errática. Es todo un ejercicio de estilo y se acerca por momentos al videoarte, con planos de larga duración acompañados por pausados travellings, escenarios en ruinas, luces parpadeantes, pantallas partidas y toda una serie de recursos que la convierten en una pieza que pretende inducir al espectador en un universo frío y desolador. Además del atractivo apartado estético, la película trata temas de gran actualidad, como el auge de grupos de extrema derecha, la religión y la tradición, y, en general, la cercanía de Occidente a una situación de colapso total.

Más allá de las películas que optaban al premio del jurado joven, tuve la oportunidad de ver el nuevo documental de Lucrecia Martel, que regresaba con un largometraje después de varios años.

En Nuestra tierra (2025) Lucrecia Martel sitúa la acción alrededor de un caso judicial real desarrollado en Tucumán, Argentina. Tres terratenientes blancos son juzgados por el asesinato de un miembro de la comunidad indígena Chuschagasta, fruto de la disputa de unas tierras sobre las que ambos grupos reclamaban propiedad.

Nuestra tierra (2025) de Lucrecia Martel

En la película se muestra el transcurso del juicio, hasta su resolución, y la lucha de uno de los muchos pueblos originarios por un territorio del cual han sido despojados. A su vez, se nos presentan numerosos personajes de la comunidad Chuschagasta, que narran sus vivencias a lo largo de los años, revelando la violencia sistémica que han sufrido hasta la actualidad. Es una fusión de la Historia en mayúsculas con historias pequeñas, particulares. El encuentro de lo universal con lo concreto. Un cine necesario, ideológico y comprometido.

Vuelvo a agradecer a la escuela y al festival por darme esta oportunidad. Es ilusionante que Barcelona albergue un evento tan comprometido en mostrar otro tipo de cine. Alejado de los circuitos comerciales, hecho tanto por autores y autoras emergentes como por otros ya establecidos.

Un cine que busca. Un cine que mira. Por más cine. Por más D’A.