
Masterclass de Lois Patiño en L’Alternativa: Mirar hasta que la realidad cambie
Para la edición 32 de L’Alternativa. Festival de cinema independent de Barcelona, que tuvo lugar entre el 13 y el 23 de noviembre, se invitó a cuatro cineastas para dar una masterclass. Uno de ellos fue Lois Patiño, que mantuvo una sesión a modo conversatorio entre director y público. Compartió sus referentes, las ideas que han ido moldeando su mirada como director y habló de cómo piensa y construye los procesos creativos de sus películas (Escritura, rodaje y montaje).
Introdujo brevemente su infancia para mencionar la exposición que tuvo con el arte desde una temprana edad, principalmente la pintura. Su padre y madre, ambos, pintores abstractos de profesión, lo introdujeron a un mundo de imágenes expresivas y sensoriales que estaban constantemente presentes. Recordó, incluso, que su padre, para incentivarlo a cultivar una mirada contemplativa, le hacía probar pequeños experimentos perceptivos en los que ambos observaban un vaso de cristal por varios minutos mientras sonaba John Cage. Patiño cita estos momentos como eventos fundacionales de su estilo, y a sus padres como el origen de su deseo por hacer cine. Son su educación sensorial y la razón de darle más importancia a la exploración plástica de las imágenes que a la construcción narrativa.
El objetivo de su cine, dice, es lograr una experiencia audiovisual diferente, que parta siempre desde la intimidad, los espacios y los sentimientos. Por eso, para los proyectos que no involucran un equipo extenso en rodaje, su proceso de elaboración es esencialmente DIY (Do it yourself). Con una noción muy general de lo que quiere y sin una planificación específica, graba lo que más le llama la atención, para luego reflexionar en montaje sobre el material capturado. ¿Qué tienen en común los planos? ¿Por qué tiendo a grabar estos planos así? ¿Qué me gusta y que no? ¿Qué quiero explorar más dentro de lo que me gusta? Para Patiño, su voz autoral surge a partir de hacerse estas preguntas, que son la vía para descifrar cuáles son sus percepciones profundas y personales del mundo. Por eso propone un cine sensorial, contemplativo y exploratorio, que combina antropología y espiritualidad, con una clara influencia de la pintura y la música.

En esta especie de cine exploración se fusionan los tres temas o inquietudes principales del director: la contemplación prolongada de las imágenes, la exploración de culturas distintas y la materialización plástica de la experiencia espiritual relacionada al sentimiento oceánico de Freud y la muerte. En primer lugar, la contemplación prolongada funciona para él como una vía de transformación de lo observado y como un espejo de uno mismo. Afirma: “Mirar te devuelve la mirada”. Es un cine que obliga al espectador a una presencia atenta y sostenida, invitándolo a sentir más que interpretar, algo que justifica con la idea de John Cage: “si algo te parece aburrido por dos minutos, prueba con cuatro”.
En segundo lugar, concibe el cine como un vehículo personal para exponerse a otras realidades antropológicas. Su curiosidad por estudiar culturas distintas ha influido en la mayoría de sus obras, donde busca reconocer las variaciones interculturales entre cada una; y en cómo estas particularidades pueden tener, al mismo tiempo, una resonancia universal. No le interesa el nacionalismo, sino el mestizaje.
Finalmente, pone como estrella guía la intención de trasladar los conceptos del sentimiento oceánico de Freud y de la muerte, a lo plástico en video. Busca plasmar la relación del ser humano con su entorno y la manera en que la muerte es parte esencial de esa relación. Que el espectador sienta que su individualidad se disuelve en un infinito común. Como él mismo responde en entrevistas aparte: “Creo que, en general, ese concepto podría ser el más esencial de mis películas… la sensación de que todos formamos parte de lo mismo”.

Lois Patiño cree en que la identidad de un cine personal se debe construir poco a poco. Por eso, ha construido su cuerpo de obras en una serie de etapas en las que explora principalmente un único aspecto formal. Esta investigación formal se inicia con una serie de cortos dedicados a entender este aspecto, y cuando siente que ha encontrado la manera de plasmarlo en lo audiovisual, clausura la etapa con un largometraje.
La primera fue la etapa de la distancia, los elementos y lo humano en el espacio. Empieza con Montaña en sombra (2012), donde busca captar los cuerpos de los esquiadores sobre la montaña, acentuando la distancia y los tamaños mediante teleobjetivos. Esta etapa termina con Costa da Morte (2013), en la que quiere retratar la identidad de una región específica e introduce la palabra a través de las voces: todo está rodado a distancia, pero el sonido se escucha muy de cerca.
Luego vino la etapa en la que explora la percepción del tiempo. Se centra en su densidad, su suspensión y su percepción alterada, probando nuevas maneras de hacer cine con los cortos Estratos de la imagen (2014), Fajr (2017) y Hadal (2018), más orientados al videoarte, y clausurándola con el largo Lúa Vermella (2020). En esta última, toma como referencia el recogimiento solitario que aparece en la pintura de Hopper y Millet y hace alusión al tiempo mediante el hecho de que todo el mundo aparece como si estuviera paralizado.
Más tarde profundiza en cómo se puede manifestar lo invisible. En El sembrador de estrellas (2022) trabaja con planos formados por mezclas superpuestas de más de treinta imágenes, meditando sobre la parte de la imagen que se pierde y la que resalta entre las sombras. Esta etapa concluye con Samsara (2023), donde incluye un fragmento largo que invita al espectador a mirar desde detrás de los párpados, con la intuición de los ojos cerrados: lo invisible, pero sonoro… inspirado por la pieza Blue de Derek Jarman.

Con Samsara, Patiño no solo cierra un ciclo de exploración formal, sino que abre otro en el que establece una apertura hacia la ficción narrativa. Junto a Samsara, su primer intento de transición desde lo conceptual hacia lo narrativo llega con el corto Sycorax (2021) —escrito y dirigido junto a Matías Piñeiro—. Este corto funciona como punto de partida para profundizar ese tránsito, que luego desembocará en su trabajo posterior: Ariel (2025), también inspirado en La tempestad de Shakespeare. Es un proyecto que, por temas de agenda, tuvo que continuar sin la participación del director argentino.
Independientemente del resultado de la película —que proyectaron en el festival de L’Alternativa y que se estrena en España el 24 de diciembre— me resultan interesantes dos cosas. Por un lado, cómo Lois Patiño consigue mantener este aspecto sensorial y meditativo de la imagen incluso en una película más narrativa como esta; y por otro, la actitud de exploración absoluta que transmite al hablar sobre la escritura y el rodaje.
Aunque existe un hilo narrativo claro, hay momentos en los que la trama queda suspendida, sobre todo en las secuencias donde la naturaleza está más presente. Estos momentos impiden que la ficción de Ariel reemplace del todo su estilo meditativo. Patiño logra trasladar su estilo a una película que, en principio, podría parecer más cercana al territorio de Matías Piñeiro.
Se percibe en Ariel una actitud de juego, de hacer las cosas sin miedo al ridículo y, como él dice, de confiar en la ficción. La película no es solo un ejercicio de adaptación de Shakespeare, sino también —como él mismo explica— un aprendizaje sobre la escritura de diálogos y la dirección de actores. Es ponerse en territorios incómodos para descubrir elementos nuevos de su cine y aportar al progreso del arte.
Para Patiño, el cine, al ser un arte joven, debe preocuparse por la expansión de su lenguaje. Piensa que el cine debe sintetizar la mezcla de otras artes para expandir sus límites creativos. Aunque la historia es importante, lo central es cómo nos hace mirar, escuchar y sentir. Por eso, su cine se alimenta de la pintura, la música, la literatura, la filosofía, el performance, etc. Turner, Cage, Freud, Hopper, Turrell… todos son igual de importantes, y todos, de alguna manera u otra, quedan plasmados en sus películas. Según él, cada una de sus obras está planteada según la pregunta: ¿hasta dónde puede expandirse el cine cuando no lo limitamos a contar historias, sino que lo abrimos a una experiencia más amplia?