
Reteena-2025
El mes pasado fue llevada a cabo la octava edición del RETEENA, uno de los festivales y espacios culturales más prominentes y de rápido ascenso en el panorama independiente catalán y español. Es un festival muy interesante, no solo por su particular enfoque -una filosofía del audiovisual realizado por y para jóvenes- sino porque, año tras año, es capaz de adaptarse a su contexto de manera casi camaleónica, para mantener vivo y en alto el sentimiento de pertenencia de una comunidad que en cada edición se siente más segura de hacer oír su voz y su lugar dentro de una sobrepoblada y exigente industria. Una voz crítica ante su entorno político, incluyente en el sentido más amplio de la palabras y sobre todo, una voz catalana pero completamente abierta a escuchar y dar plataforma a miradas de todas partes del mundo. Sin perder su esencia, por supuesto.
En esta ocasión, el RETEENA tuvo lugar en diversos espacios insignia de la ciudad, como el CCCB, la Filmoteca de Cataluña, el Nau Bostik y el Zumzeig, con una programación que tenía un poco de todo; desde proyecciones de talla nacional e internacional -como la ópera prima del cineasta egarense Víctor Diago Downriver a tiger (2025), o la ganadora al mejor guion en Cannes que está dejando audiencias maravilladas en todas sus funciones, Pillion (2025) de Harry Lighton-, hasta conversatorios, un mercado propio, música e incluso un bingo cinéfilo para despedir el festival. Tuve la oportunidad de asistir a la gran mayoría de estos eventos, así como a la sesión de pitches de los proyectos del laboratori audiovisual jove (el laboratorio para guión propio del festival), donde jóvenes entre los 17 y los 25 presentaron ideas de cortometrajes y largometrajes frente a un panel de productoras activas en la industria. Dicho todo esto, estas líneas buscan transmitir la experiencia de lo que fue el RETEENA a través de los ojos de una persona extranjera y recién introducida al universo del cinema jove.

Son las 19:55 del 5 de diciembre de 2025, la Filmoteca de Cataluña tiene una fila de al menos 70 personas de todo tipo de edades, nacionalidades y maneras de vestir (con y sin disfraces). Personas que quizás en otros contextos jamás estarían parados unos detrás de otros, pero que pacientemente esperan su turno para entrar como si fuera una convención tipo comic-con. No es para menos, pues la proyección que da inicio al festival es, al mismo tiempo, una de mis películas favoritas de todo el festival: El largometraje animado Lesbian Space Princess (2024), de las directoras Emma Hough Hobbs y Leela Varghese.
Esta película, denominada por sus autoras como una space opera cómica y queer, tiene un tono que no solo captura muy bien la esencia del diverso público que estaba impaciente por verla, sino también la esencia del festival mismo. Lo que a simple vista parecía una historia animada para niños sobre los obstáculos que conlleva crecer, es en realidad un análisis bastante profundo y existencialista sobre cómo funcionan las reglas sociales y de género que moldean nuestras sociedades, metaforizándolas de manera satírica y muy ingeniosa, logrando un balance muy agradecido entre chistes, premisas absurdas, personajes muy originales y un subtexto social y queer muy interesante para ver en formato animado. No sabía si la risa más estruendosa de la sala venía del grupo de chicas jóvenes sentadas justo en frente de mí, o la de los señores sesentones que estaban atrás hacia mi izquierda, pero se palpaba un ambiente cálido, ligero, incluyente y libre de prejuicios, justo lo que el festival quiere conseguir, de acuerdo a las palabras que dieron sus directoras al inicio de la proyección.
Los dos días siguientes tuve la oportunidad de asistir a las funciones de las premiadas películas La misteriosa Mirada del flamenco (2025), ópera prima del joven cineasta chileno Diego Céspedes, y la ya mencionada Pillion, respectivamente. Estas dos películas, con historias tan diferentes pero tan parecidas, me mostraron un aspecto fundamental de la selección internacional del festival que en retrospectiva debió ser evidente desde el inicio; El RETEENA es un festival con una muy bien seleccionada curaduría queer, que acertadamente proyecta las voces de artistas que retratan y al tiempo critican de maneras muy creativas, desde terrenos como la animación, la fábula, el neowestern, la tragedia, la comedia negra, entre otros. Diferentes aspectos y dinámicas de opresión, así como de la presión que siente una persona frente a sí misma y frente a su entorno cercano, dentro y fuera de la comunidad LGBTIQ+.

La misteriosa Mirada del flamenco cuenta la historia de una niña de once años que, junto a su familia queer, enfrenta la estigmatización, tanto literal como metafórica, de un Chile de los años 80 que no perdona. Pillion, por su lado, cuenta la historia del primer amor y el despertar sexual de un chico poco espabilado e introvertido con el misterioso y cautivador líder de una pandilla de motociclistas, que introduce al protagonista al mundo de la sumisión y la dominación. Excelentes películas ambas. De esas que dejaron a la sala sin aliento más de una vez a la par que pueden causar océanos enteros de carcajadas sin ningún esfuerzo. Sin importar quién esté frente a la pantalla, estas son historias que todas las personas deberían conocer, no solo porque son entretenidas y creativas, sino también porque son necesarias, especialmente en un mundo donde los mal llamados valores tradicionales y las ideologías de ultraderecha, con su inconfundible aroma trans/homo-fóbico, están en medio de un auge cultural y político que no pasa desapercibido.

Un par de días después, asistí a la sesión de cortometrajes latinoamericanos From South America with love y debo decir que, como latinoamericano y como colombiano, es emocionante ver una sección del festival dedicada a dar plataforma a estas voces independientes y a estas realidades tan diferentes a las que se viven acá en Cataluña. Esa es justamente una de las funciones del programa Acció>Cinema, en el que se enmarca esta sección del festival. Los cuatro cortometrajes presentados han hecho al público emocionarse, pero yo destaco el recibimiento de Fieras (2023), del colombiano Andrés Felipe Ángel, así como de A Menos que Bailemos(2023) de Fernanda Pineda y Hanz Rippe.
Estas dos piezas muestran la realidad de muchos jóvenes en Colombia, unos en Ciudad Bolívar, el sur de Bogotá (la capital del país) y otros en Quibdó, la capital del Chocó (departamento al occidente del país que tiene sus costas en el océano pacífico, con paisajes y personas maravillosas pero marcado por la violencia y la desigualdad). Estos jóvenes están buscando formas de navegar el nuevo mundo que se abre con la llegada de la adolescencia y la adultez. Sin embargo, en contextos de violencia o pobreza, son la comunidad, la amistad, el arte y la empatía, los que se vuelven pilares fundamentales para florecer de maneras bellas y conmovedoras. Fieras, retrata a un pre adolescentre que se ve obligado a pasar una tarde lluviosa con un grupo de chicos mayores, mientras que A menos que Bailemos cuenta la historia del resiliente grupo de jóvenes que utilizan el baile como alternativa y como resistencia al contexto violento en el que viven. Excelentes piezas, excelente selección.

Ya para el 13 de diciembre, en vísperas del final del festival, se realizó uno de los eventos más esperados de la programación: «Romería» desde dentro, con Lucía García, Mitch y Berta Pipó; un conversatorio con los protagonistas de la reciente y premiada película de Carla Simón, junto con su hermana y coach actoral para la película, la talentosísima Berta Pipó. No se sabía si la emoción era más grande entre los asistentes al evento o entre el staff. Y con toda la razón, además. Escuchar a estos jóvenes artistas contar sus experiencias y perspectivas, su acercamiento a la industria a partir de una película tan resonante como esta, cumple a cabalidad con el objetivo del festival del cine por y para jóvenes. Es un espacio muy agradecido y ciertamente inspirador para las actuales y futuras generaciones del talento audiovisual catalán y europeo.

Finalmente, el 14 de diciembre, tuve la oportunidad de asistir a la sesión de pitch del laboratorio audiovisual del festival, así como de darme un paseo por el mercado y el bingo de cierre, más entrada la tarde. La sesión de pitch ha sido muy interesante, pues las propuestas eran tan variadas entre sí que representaban un panorama diverso de voces con historias bien curadas y autóctonas. Entre Largometrajes, cortos y uno que otro proyecto que coquetea entre el documental y la ficción, las diferentes productoras daban consejos a los participantes no solamente útiles para sus proyectos sino también para cualquier entusiasta del cine que tenga en mente presentarse en este tipo de laboratorios.
En cuanto al mercado y el bingo, han sido esos espacios de comunidad que, como muchas proyecciones del festival se realizan en diferentes salas, es difícil reunir y conseguir, pero que de todas maneras se aprecian y se disfrutan. Mi paso tuvo que ser rápido por estos dos lugares, pero pude contagiarme de la buena energía y el acogimiento de ambos espacios.

El RETEENA es un festival que destaca por querer conformar una comunidad. A pesar de estar creciendo de la manera en que lo hace, año tras año, el espíritu artesanal y de la buena curaduría se mantiene más que vigente y te invita a hacer parte de un un colectivo de cineastas dedicado a crear espacios de cine joven, independiente, queer, diverso, resistente y soñador. Incluso, más allá del aspecto de industria, el RETEENA es un espacio cultural para conocer voces diversas que muchas veces no escucharíamos de otra forma. No solo de Cataluña sino de muchos países también, pues el factor fundamental es que este cine sea concebido por mentes nuevas e ideas frescas, que critican y confrontan al status quo, sin perder la elegancia ni el humor. Definitivamente, ha sido una gran introducción para un extranjero a este maravilloso mundo. Extranjero que, sin dudas, no se perderá las siguientes ediciones del festival.
Todos nuestros artículos están redactados por alumnado de ECIB – Escola de Cinema de Barcelona.